Jennifer hoy compartió en este post el capítulo que fue el primero que escribió para Obsidian, acá la traducción:
Capítulo 1
No quería mirar hacia arriba. Quizá si la ignoraba,
la casa se iría lejos. Quizá Virginia “por Dios” Oeste volvería a ser este extraño
estado en un mapa que no tenía intenciones de nunca visitar.
Pero tenía que mirar.
Esconderse en el auto no funcionaría por el
siguiente año o algo así de mi vida. Eso sería raro, y además, no era como que
algo de esto iba a desaparecer. Di una ojeada primero, sólo una pequeña ojeada.
La primera cosa que noté fue la cama de flores en
frente del largo porche. Las hierbas chocaban en el acolchado desvanecido,
creciendo sobre la piedra que lo separaba del patio delantero. Eso tendría que
ser arreglado. Mamá probablemente insistió al corredor de bienes raíces que
dejara la cama de flores irse a la mierda, sabiendo que yo haría un proyecto
rápidamente de ello.
¿Dónde estaba mamá? Oh, sí. Ella ya estaba dentro,
haciendo felices planes en su feliz cabeza. Apreté los ojos y tomé una profunda
respiración. Esto es por mamá. Ella
necesitaba esto. Las dos necesitábamos esto.
Salí del auto, mi trasero estaba entumecido y mis
piernas hormigueaban por el viaje en auto que no terminaría. Caminando alrededor
del u-haul, vi mi fiel, pequeño sedán
de cuatro puertas que había sido remolcado justo con el resto de nuestras
pertenencias. Hombre, extrañaba ese auto. Pasé mis dedos por el lado mientras me
acercaba al porche. Mi hogar—esta era mi nuevo hogar.
La casa parecía algo sacado directamente de una
película de casas embrujadas. Tenía incluso una torre—una maldita torre. ¿Qué
se supone que debería hacer con eso? La aburrida casa blanca creó dos historias
con una gran posibilidad de que había un ático situado en la parte superior que
era tierra de nadie. Las persianas que revestían cada ventana eran de un negro
oscuro. Los árboles chocaban a los lados de la casa y oscurecían la tierra
afuera. Era idéntica a la casa de junto y a las dos que estaban al comienzo del
camino.
“¿Mamá?”
No hubo respuesta. Quizá la casa de la comió.
Los pasos en el porche hicieron que este gruñera
mientras caminaba. Di una mirada a la casa de junto antes de meterme dentro,
siendo recibida por una ráfaga de aire frío. Por lo menos el lugar parecía
tener renovada con aire acondicionado central. Puntos.
El pequeño vestíbulo estaba oscuro y lleno de cajas sin
abrir. Derecho arriba había escaleras que conducían hacia arriba y al final del
pasillo había dos puertas abiertas a un área de cocina combinado con un lugar
para cenar. Una sala de estar estaba en el otro lado.
Mi madre había desaparecido completamente, y luego
de estar parada en el pasillo por un rato supe que necesitaba hacer una decisión.
Avanzar más dentro de la casa o correr como una loca de aquí y unirme al equipo
de una revista de viajes.
Di un gran y dramático suspiro mientras me movía
dentro de la gran, más que nada anticuada cocina y agarré una de las cuantas
cajas que llenaba la casa. Estaba segura de que mamá ya estaba en su habitación,
pero yo era más práctica. Empezar a empacar. Terminar las cosas. Fijarse en
cómo era injusta la vida luego, porque habría un montón de tiempo para ello.
***
Luego, cuando estaba cubierta de polvo y había
terminado de saltar por cada pequeño crujido, mi mamá reapareció, bañada y
vestida en su uniforme de enfermera.
Me quedé mirándola sin creerlo, limpiando mis manos
en mis pantalones cortos.
“¿Vas a trabajar esta noche?”
“No has mirado tú habitación, ¿o lo has hecho?” Se
alisó el pelo suelto de vuelta en una cola de caballo. Sus ojos estaban de
nuevo emocionados, casi como los de un niño. Tres años desde que no la veía así… de feliz por algo.
“¿No te conté? Grant memorial quería que empezara lo
más pronto que pudiera. No puedo imaginármelos estando ocupados, así que quizá
vea en Winchester. Ellos tienen un gran complejo médico allí.”
“¿Winchester?” Suspiré. Sabía que no debería estar
sorprendida de que ella estuviese saltándose la primera noche aquí. Desde que
papá murió, mamá ha empezado a trabajar más y más. Ella no dejaba tiempo libre.
“¿No pasamos por allí una hora antes de llegar aquí?”
Ella tomó el resto de los vasos y los puso en un
gabinete. “Winchester no está tan lejos. Sólo vas por la ruta 22 y luego 55 y
bang, estás allí.” Ella limpió sus manos ausentemente en su uniforme.
Tomé una respiración, pero se mantuvo atascada en mi
garganta. “¿Así que no as a pasar la noche aquí?”
Ella me miró, casi confundida por un momento. “Katy,
este es probablemente uno de los lugares más salvajes para vivir.” Ella agarró
su cartera de viaje desempacada. “Nunca has estado así de nerviosa antes.
Incluso en Florida donde todo lo que oías en la noche eran las sirenas de
policía. No tienes que preocuparte acerca de invasiones en la casa o terminar
en la parte de atrás de un cartón de leche aquí.
Por la mirada de los densos árboles que rodeaban los
pequeños grupos de casa, el único tipo de invasión a morada que podría
preocuparme era un oso que apareciese en la casa.
Dándome unos golpecitos en el hombro, ella sonrió. “Si
necesitas algo, dejé el número en mi vestidor arriba de las escaleras.” Ella
caminó hasta la puerta principal. “No sé cuan ocupada estaré, pero estoy segura
de que puedes dejarme un mensaje.”
La seguí fuera. El sol estaba poniéndose, tornando
el aire más helado. Abrazando mis codos, la vi entrar en su Prius.
“Si decides salir esta noche, sé cuidadosa. Esos
caminos pueden ser muy curvados.” Ella sacó su cabeza fuera de la ventana del
auto. “¡Oh! Y la llave extra está en mi vestidor también. ¡Te veo mañana! ¡Te
amo!”
¿Salir? Ketterman no fue incorporada. Significando
que ni siquiera era una ciudad real.
El lugar más cercano era Petersburg. Dos o tres semáforos en el pueblo cerca de
otros pueblos que probablemente no tenían ni siquiera un Walmart en ellos. No
tendríamos ni siquiera el correo en la casa. Tendríamos que conducir hasta Petersburg para obtener nuestro
correo.
Barbárico.
Ella frunció su ceño. “¿Dónde conseguiste esa
polera?”
¿Ahora ella estaba notándolo, luego de estar una
eternidad en el auto conmigo? Mamá. No la observante número uno en la familia.
Un poco terrorífico considerando que ella es una enfermera de emergencias
altamente cualificada. “¿Qué tiene de malo?”
“Nada,” respondió ella. “Es bonita.”
Bonita como eso no mucho. Miré hacia abajo a mi
polera y me encogí de hombros. En ella se lee MI BLOG ES MEJOR QUE TÚ VLOG.
Amaba esta polera.
Antes de que pudiera preguntarme qué estaba de malo
con mi polera, ella ya estaba en la carretera. La brisa helada de la montaña
golpeó solo mis piernas, y tuve un escalofrío. Mediados de Julio y ya estaba
teniendo piel de gallina. Estaba en otro mundo comparado a Florida. La riqueza
de la tristeza se levantó dentro, formando un nudo en mi garganta. No era tanto
que iba a extrañar Gainesville, el clima, mi vieja escuela, o incluso nuestro
departamento.
Extrañaba a papá-
Y Florida era
papá. Era allí donde él nació, donde él conoció a mi madre y donde todos mis
recuerdos estaban. Mis ojos ardieron, pero las lágrimas no cayeron. Llorar no
cambiaría el pasado y papá lo odiaría, pero era como perderlo una y otra vez.
Tomando una gran respiración, miré arriba. Podía ver
las puntas de las montañas y los varios tipos de árboles. La vegetación era
densa. No podía ver ningún suelo o incluso juzgar la actual entrada de las
rocas que hacían una gran sombra sobre todo. Era naturaleza en su esplendor, lo
que significaba lo peor para mí. Incluso si yo amaba la naturaleza y cuando
pequeña era feliz de ir a los bosques cercanos, ahora tengo una terrible
probabilidad de perderme. La idea de sobrevivir a las salvajes moras hasta que
alguien me encontrase era menor que—
Un extraño cosquilleo picó desde mi nuca hasta abajo
en mi columna vertebral. Me puse
completamente quieta, de repente sintiendo calor y luego frío. Era ciertamente
un sentimiento fácil de reconocer.
Estaba siendo observada.
Mi corazón saltó en mi garganta. Me di la vuelta,
escudriñando el patio delantero y los pocos árboles que podía ver antes de que
las sombras se tragaran los demás. No había nada pero unos cuantos pájaros y quizá
algún rápido ciervo. ¿Podían los ciervos contagiarse con rabia? Necesitaba
chequear eso, pero dudaba de que esa fuese la razón por la cual estaba volviéndome
loca.
El sentimiento seguía allí.
Visiones de tres hombres de dedos bailaban en mi
cabeza. Realmente no tuve que haber visto wrong
turn antes de que nos cambiáramos aquí.
Sudor cubrió mis palmas, y no podía sacudir el
sentimiento de que alguien iba a saltar de repente y me iba a dar un paro
cardíaco.
Era un sentimiento tan fuerte. Como si alguien estuviera justo junto a mí.
Estremecimientos corrían por mi columna, como algún
tiempo de sistema interno de alarma que gritaba no estás sola. Arrastrando los pies a la barandilla, me incliné.
Desde este punto de ventaja, podía ver la casa de mi izquierda. Cortinas
cubrían las ventanas que me daban la cara. No había—
Los delgados cabellos de la parte de atrás de mi
cuello se movieron como si alguien me hubiera dado un cálido soplido a lo largo
de la nuca. Me empujé fuera de la barandilla y me giré, esperando ver a alguien
parado allí.
No había nadie.
Las tablas del suelo del porche crujieron.
Aguantando mi respiración, escuche como las tablas gemían todo el camino hasta
el borde de la escalera, pausé y luego tomé las escaleras que dirigían hacia la
entrada. Mierda… Mi corazón dio un
vuelco.
“¿Hola?” Mi voz sonó como un susurro.
No hubo respuesta.
Tragando el nudo de miedo que se había formado en mi
garganta, lentamente hice mi camino de vuelta hacia la puerta. Buscando frenéticamente
un espacio vacío en frente de mí. ¿Estaba la casa embrujada? Porque enserio,
Podría jurar que alguien acababa de soplarme en la parte de atrás de mi cuello
y luego caminó fuera del porche como un escalofriante, pervertido fantasma.
Tenía que ser el estrés de estar atascada en el auto
con mi mamá por horas y luego mudarnos, quizá he inhalado mucho polvo, y ahora
estoy alucinando. Porque eso no pudo ser un fantasma y segura como el infierno
que no era una persona invisible.
Tomando una gran respiración, volví adentro y me
forcé a empujar lo que recién pasó fuera de mi mente. Agarré la caja más
cercana y la tiré de golpe en el viejo piso de madera. La necesidad de llorar,
de tener un auténtico festival de sollozos, me golpeó en el estómago. Mis dedos
temblaban mientras abrí la cinta de embalaje.
Enojo y frustración me golpearon en el estómago.
Me levanté y caminé hasta el rellano que conducía
hacia arriba. Presionando mis puños cerrados contra mi boca, grité tan fuerte
como pude. El sonido fue amortiguado, apenas audible, pero me hizo sentir
mejor. Justo como trabajar sin parar hacia sentir a mamá mejor. Y justo como la
jardinería era un consuelo adormecedor para mi cerebro.
Unos minutos luego de que estuve allí, mirando fuera
a la nada, volví a las cajas. No se iban a desempacar solas. Un pesado
sentimiento se centró sobre mi pecho. Empecé a sacar varios ítems empacados y
traté de pensar en nada. Cada cierto tiempo, miraría hacia la ventana en el
frente de la casa. El sentimiento de estar siendo mirada pasaría de nuevo y
luego desaparecería.
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